LA TIENDA DE LA VERDAD(Jorge Bucay)

Un hombre caminaba paseando por las pequeñas callecitas de una ciudad provinciana. Tenía tiempo y se detenía algunos instantes en cada vidriera, en cada negocio, en cada plaza. Al dar la vuelta a una esquina se encontró, de pronto, frente a un modesto local cuyo letrero estaba en blanco.

Intrigado, se acercó a la vidriera y arrimó la cara al cristal para poder mirar dentro del oscuro escaparate. En el interior solamente se veía un atril que sostenía un cartelito escrito a mano que anunciaba: "TIENDA DE LA VERDAD".

El hombre estaba sorprendido. Pensó que era un nombre de fantasía, pero no pudo imaginar qué vendían. Entró. Se acercó a la dependienta que estaba en el primer mostrador y preguntó:

- Perdón, ¿ésta es la tienda de la verdad?

- Sí, señor. ¿Qué tipo de verdad anda buscando: verdad parcial, verdad relativa, verdad estadística, verdad completa?
Así que allí vendían verdad. Nunca se había imaginado que esto fuera posible... ¡Llegar a un lugar y llevarse la verdad! ¡Era maravilloso!

- Verdad completa -contestó el hombre sin dudarlo.

"Estoy tan cansado de mentiras y falsificaciones...", pensó, "no quiero más generalizaciones, justificaciones ni engaños."

- ¡Verdad plena!- ratificó.

- Bien, señor. Sígame...

La joven acompañó al cliente a otro sector y, señalando a un vendedor de rostro muy adusto, le dijo:

- El señor lo va a atender.

El vendedor se acercó y esperó a que el hombre hablara.

- Vengo a comprar la verdad completa...

- ¡Ajá! De acuerdo, pero... ¿El señor sabe el precio?

- No, ¿cuál es?- contestó el hombre rutinariamente. En realidad, él sabía que estaba dispuesto a pagar lo que fuera por toda la verdad.

- Si usted se la lleva -dijo el vendedor-, el precio es que nunca más podrá estar en paz...

Un escalofrío recorrió la espalda del hombre... ¡Nunca se había imaginado que el precio fuera tan alto!

- Gracias... Disculpe... -balbuceó.

Se dio la vuelta y salió del negocio mirando al suelo. Se sentía un poco triste al darse cuenta de que todavía no estaba preparado para la verdad absoluta, de que todavía necesitaba algunas mentiras en las que encontrar descanso, algunos mitos e idealizaciones en los que refugiarse, algunas justificaciones para no tener que enfrentarse consigo mismo...

"Quizás más adelante", pensó.