SOY BLANDO COMO UNA PIEDRA (Artur Lundkvist)


Soy blando como una piedra y duro como una medusa,

cuando lloráis a la orilla del río ya estoy al otro lado,

no soy fiel a nada, ni siquiera a mí mismo (ese intento de petrificación en torno a un vacío),

renuncio al dinero y al honor, recompensas de la traición, traiciono sin recompensa, 

renuncio a la fama, no quiero ser padre de nadie, seré muy difícil de matar,

prefiero a las chicas pobres, sencillas,

no me gustan los dragones vestidos de seda,

huyo del ahogo que produce el corsé de la decencia,

soy completamente indiferente ante casi todo y sin embargo me indigno ante demasiadas cosas,

detesto a los justos tanto como a los criminales,

estoy con los revolucionarios mientras no alcancen sus fines,

me gustan los hombres delgados que duermen mal por las noches,

amo al que le tiemblan las manos y sin embargo hace diana,

escribo con desaliño, improvisando,

un poema tiene que ser incoherente de lo contrario muere en su perfección,

no conozco mi meta, por eso paseo con alegría,

no soy humilde, ni tampoco orgulloso, soy el agua que corre,

si me convierto en una fuerza es porque me detienen,

estoy siempre desplazado entre los individualistas que se agarran mutuamente como dientes de engranajes,

seré el último caminante entre los coches, un desposeído entre todos los orgullosos propietarios,

la propiedad es un peso, yo quiero utilizar las alas,

nadie me encadenará a una tumba con una lápida escrita de antemano,

mis compañeros de generación se indignan conmigo o me miran como si no existiese,

los jóvenes me desprecian si saben que existo,

me parece excelente, ninguno de esos jovencitos presumidos me atará con su admiración,

no adoro a los niños ni a los viejos, yo mismo soy un niño en un viejo,

los hombres y la naturaleza me amenazan, huyo de una amenaza a otra,

el miedo es tan natural como la respiración, sólo los que tienen miedo son fecundos,

las serpientes son seres afables  para los que pertenecen al mismo grupo de veneno,

a menudo se sobreestima demasiado la vida, solo nuestras esperanzas en la vida no pueden sobreestimarse,

lo que no puede convertirse en desilusión no vale nada, 

solamente los desarmados sobreviven, el asesino termina suicidándose,

los hombres tiene que ser defendidos de ellos mismos, pero, ¿quién lo hará?

Y ¿quién salvará a los niños de su perdición si juegan con la muerte por todos los sitios?

Vivo en plena decadencia y no puedo evitar ser parte de ella, pero ¿cómo podré amputarme a mí mismo?

¿Quién es el sano y quién el enfermo de los dos que luchan dentro de mí?

Los bacilos, tan rápidos, tan vigorosos, tan incansables, ¿no son admirables?

Quizá los bacilos sean muy superiores al hombre, esa salud de la vida que constituye nuestra incurable enfermedad,

el no conformarse nunca con nada es el orgullo definitivo, satánico,

el pulpo gigante que se autodestruye ante el resplandor de la luz es la mejor imagen del hombre,

la psicología cataloga los relámpagos, la música lame sus heridas,

la escultura petrifica la naturaleza, la pintura oculta los agujeros de la realidad,

si no aceptamos la vida como peligro, inseguridad y transformación, los bacilos nos derrotarán,

a la realidad no le importa el ser, sino devenir, 

la realidad nos arranca una y otra vez nuestra vieja y querida piel y nos deja desnudos,

somos el umbral sobre el que morimos, la casa que construimos está ya en el pasado y no existe.