SOLO POR AMOR (Jorge Bucay)

Camino por mi camino. Mi camino es una ruta con un solo carril, el mío. A mi izquierda, un muro eterno lo separa del camino de alguien que transita a mi lado, al otro lado del muro. De vez en cuando, en este muro hay un agujero, una ventana, una hendidura y puedo mirar hacia el camino de mi vecino o vecina.


Un día, mientras camino, creo ver al otro lado del muro una figura que va a mi ritmo, en mi misma dirección. Miro esa figura: es una mujer. Es hermosa. Ella también me ve. Me mira. La vuelvo a mirar. Le sonrío. Me sonríe. Un momento después, ella sigue andando y yo apuro la marcha porque espero ansioso la próxima oportunidad de cruzarme con esa mujer. En la próxima ventana me detengo un minuto. Cuando ella llega, nos miramos a través de la ventana. Parece tan encantada conmigo como yo con ella. Le digo por señas lo mucho que me gusta. Me contesta por señas. No sé si significan lo mismo que las mías, pero intuyo que ella entiende lo que quiero decirle. Siento que me quedaría un largo rato mirándola y dejándome mirar, pero sé que mi ruta continúa...


Me digo que, más adelante, en el camino, habrá seguramente una puerta y quizás pueda cruzar y encontrarme con ella. Nada da más certeza que el deseo, así que me apuro por encontrar la puerta que imagino. Empiezo a correr con la vista clavada en el muro. Un poco más adelante, la puerta aparece. Allí está, al otro lado del muro, mi ahora deseada y amada compañera, esperando, esperándome. Le hago un gesto, ella me devuelve un beso en el aire. Me hace una seña, como llamándome. Es todo lo que necesito. Me lanzo contra la puerta para reunirme con ella, a su lado del muro. La puerta es muy estrecha. Paso una mano, paso el hombro, hundo un poco el estómago, me retuerzo un poquito sobre mí mismo... Casi consigo pasar mi cabeza, pero mi oreja derecha se queda atascada. Empujo. No hay manera, no pasa y no puedo usar mi mano para torcerla, porque no podría poner ni un dedo allí... No hay espacio para pasar con mi oreja, así que, tomo una decisión... (Porque mi amada está allí, y me espera... Porque es la mujer con la que siempre soñé y me está llamando...) Saco una navaja de mi bolsillo y de un tajo rápido, me corto la oreja para que mi cabeza pase por la puerta. Y tengo éxito, mi cabeza consigue pasar... Pero, después de mi cabeza, veo que es mi hombro el que queda atascado. La puerta no tiene la forma de mi cuerpo. Hago fuerza, pero no hay remedio: mi mano y mi cuerpo han pasado, pero mi otro hombro y mi otro brazo no pasan... Ya nada me importa, así que... Retrocedo y, sin pensar en las consecuencias, tomo carrerilla y fuerzo mi paso por la puerta. Al hacerlo, el golpe desarticula mi hombro y el brazo queda colgando, como sin vida. Ya casi estoy al otro lado. Justo cuando estoy a punto de terminar de pasar por la hendidura, me doy cuenta de que mi pie derecho se ha quedado enganchado. Por mucho que fuerzo y me esfuerzo, no puedo pasarlo. No hay manera, la puerta es demasiado angosta para que mi cuerpo entero pase por ella. Demasiado angosta, no pasan mis dos pies... No lo dudo. Estoy ya casi al alcance de mi amada. No puedo echarme atrás... Así que, agarro el hacha y, apretando los dientes, doy un golpe y desprendo la pierna.

Ensangrentado, a saltos, apoyado en el hacha y con el brazo desarticulado, con una oreja y una pierna menos, me encuentro con mi amada y le digo:


- Aquí estoy. Por fin he pasado. Me miraste. Te miré. Me enamoré. He pagado un alto precio para estar a tu lado... Todo vale en la guerra y el amor. No importan los sacrificios... Valían la pena si eran para encontrarme contigo... Para poder seguir juntos...Juntos para siempre..


Ella me mira, se le escapa una mueca de desagrado y me dice:


- Así no. Así no quiero... A mí me gustabas cuando estabas entero.